Permanecer impasible ante las futuras perspectivas positivas es una de mi defensas más usadas.
Cada cual puede verlo como quiera pero, desde los años en que la enfermedad de mi madre me superó, fue la única forma de no hundirme una y otra vez.
Saber que nada va a cambiar de momento, o que si cambia será una buena nueva,pero que si no cambia no te habrá cogido desprevenida y débil es mi estrategia.
Sí, ya lo sé, es una forma de vivir algo cobarde. Pero eso es lo que me ha ayudado a no volverme loca en muchos momentos de crisis enorme.
¿Qué he perdido en el camino?. La valentía de la juventud, el no tener nada que perder, la sensación maravillosa que si veía tal imagen, tal número, si pasaba cualquier circunstancia concreta era un buen augurio. He perdido la Ilusión.
Supongo que este es el resumen de una vieja conservadora y cascarrabias, ja,ja.
La vida te va moldeando. Me he convertido es lo que juré año tras año que no sería. Pero esa lucha sin cuartel, ese nadar contracorriente me destrozó. Y un buen día dije:" está bien, habeis ganado, seré una burguesa aburrida, desilusionada y malhumorada"..
Cuando escribo esto apenas sé que es lo que me ha hecho cambiar en concreto. Supongo que nada y todo.
Bueno para ser sincera, esa última decisión tan valiente del 12 de marzo de 2009 fue la gota que colmó el vaso.
He pasado mi vida pensando que algún tipo de maldición me acompañaba y que me había portado muy mal con mis padres. Ahora, con unos cuantos años sobre mis espaldas, lo veo todo como debí verlo en mi juventud.
Ninguna maldición ha marcado mi vida. Muy al contrario alguien me protege desde hace años. En cuanto a mis padres, no he sido ni más ni menos que una hija más. Luché todo lo que pude e hice y fuí improvisando en una enfermedad como el cancer en un caso, y el alzheimer en el otro.
Por otro lado, también a ellos los he humanizado. ¡Tantos años de culpabilidad !. Nada de lo que hiciese parecía suficiente para unos padres cercanos a los dioses. Ahora sé que fueron buenos padres y que nos cuidaron y quisieron muchísimo pero que eran humanos y cometian errores.
Y ahora que parezco estar en paz conmigo mismo, no me siento mejor. La vida es extraña, dicen que si dejas de desear algo acabas consiguiendolo. Creo que eso es lo que me ha pasado a mí.
Pero en el otro extremo está mi dulce Esther. Ella es joven, arrebatadora, guapa. El mundo se arrodilla a sus pies. Y además es buena. No se ha dejado vencer y lo ha conseguido.
En ella veo lo que fuí y quizá ya no vuelva a ser. Pero yo no soy importante ahora. Solo ella brilla con luz propia. Sé que todo va a salir bien. Sé que pronto viajará. Y sé que todo se lo merece porque la gente como ella no tiene miedo a la vida.
Hoy quiero darte las gracias por existir. Tus padres deben de estar muy contentos. Espero que sepan la suerte que tienen.








